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Nos acostumbramos (Prosa poética)

joseph1956last month3 min read
Nos acostumbramos a lo furtivo, a la adrenalina que produce lo prohibido, al amor compartido lleno de pantomimas y verdades a medias o mentiras blancas para no dañar a terceros.

Al beso a la carrera, a matar el tiempo para que el mismo no transcurriera; a los lugares imprevistos y tan escondidos como nuestra relación, que podía catalogarse loca, drogadicta, diferente, subliminal y miles de epítetos más que la diferenciaban de lo natural.

Nos acostumbramos a comunicarnos en clave a través de los medios que teníamos a nuestro alcance, incluso a reírnos sin necesidad de expresarlo para que nuestras parejas no descubrieran la infidelidad, a ser tan normales como el resto del mundo, tan miméticos que causábamos envidia al camaleón más astuto.

A ser tan ardientes con nuestras parejas que éramos dignos candidatos a los premios de mejor actuación en el cine, tal vez en el fondo descubrimos que era posible amar a más de una persona a la vez o corroboramos la naturaleza innata de la poligamia en el ser humano.

Nos acostumbramos a desdoblarnos, a volar sin alas, a soñar despiertos y también a amar dormidos, porque éramos una especie diferente que a través de nuestros cuerpos en perfecta simbiosis sobrevivía.

Fuimos más allá de lo intangible, de lo cuerdo o loco, de lo que la costumbre nutre a diario y de la dictadura de los afectos que transforman los sentimientos en dependencia o esclavitud, en blanco o negro, sin tonos de colores donde se pinta la realidad que muchos llaman imaginación.

Nos acostumbramos a vivir sin importarnos la vida, porque la muerte nos llegaba a la cama entre gemidos y orgasmos que asesinaban nuestras neuronas y nos mostraban la sicodelia del placer que explotaba nuestros cuerpos en cada encuentro.

A ser esencias que podían diluirse entre los problemas de un mundo tan banal como vanidoso, tan incomprendido como incomprensible, que existe creando sociedades que alimentan la eterna paradoja de hacer lo que dice no se debe.

Nos acostumbramos a ser las sombras que no tienen figura y sin darnos cuenta fuimos presas fáciles de la rutina que transformó lo exótico en una carga de sinrazones que terminaron con implosionar nuestro amor, transformando las hogueras en un infierno en el cual los deseos de compartir se transformaron en la avaricia de querer ser dueños de la libertad.

Al final la metamorfosis del sueño pasó a ser pesadilla y terminamos siendo solo gotas de agua arrastradas entre la caudalosa cascada que antes dominaba nuestros impulsos y hacía de los deseos una locura eterna y terminamos solos, tristes, ebrios y lleno de vivencias que ahora son recuerdos que nos revelan a diario las causas de nuestro naufragio.

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