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Tú eres el botín

caminantePosted for Everyone to comment on, 6 months ago6 min read

“La persona esclava sólo tiene un dueño; la ambiciosa, tantos como personas le puedan ser útiles a su fortuna” ₁

Querida Margareth he pedido que vengas a visitarnos y ahora a caminar en esta hermosa playa, para hacerte saber que el estado delicado de salud de Papá es debido a la ruina financiera por la que llevamos cargando hace más de dos años. Tú educación en la universidad fue pagada anticipadamente en el esplendor de los negocios de familia. Papá sirvió de fiador y luego erró en algunas asociaciones de negocios y lo perdió todo; hasta el buen nombre del crédito bancario. Te digo esto, porque ya eres grande, responsable y profesional.

El instituto -preguntó Margareth- ¿cómo está el estado financiero?
Querida, respondió la mamá: está embargado; Morales lo administra y coge las ganancias; sólo la rectoría la podemos ejercer; la casa la va a rematar el banco, la finca y sus cosechas están en manos de acreedores, a quienes no se les ha podido devolver préstamos pasados.
¿Qué sabes de Grijalbo?, -mamá-
Ese bendito hombre, siempre que me ve dice: ¡saludos a Margareth!
Madre, perdona lo que voy a decir: ¡el botín de ese hombre, salvará la economía familiar, más
No la vergüenza!

“El afán de riquezas oscurece el sentido de lo justo y lo injusto”₂

¡Saludos amigos de caminos e historias!
Desde comienzos del razonamiento humano, han existido las guerras; sólo una causa las justifica: -el Botín-₃
El presente compartir nos trae una interesante historia de cómo el botín personal puede salvar la vida financiera de una familia, con o sin justificación de consideración.
El abuelo de la playa solía decir al caminante cuando aún era un niño: Ten cuidado de dar a conocer tus tesoros, porque si alguien se enamora de ellos:
“Tú eres el botín de cualquier guerra”
...Querido lector: ven, acompáñame hasta el final de estas breves líneas...

Se cuenta en los rumores de aquel pueblo, que la rectora y maestra del Instituto central, se hizo a la fortuna del comerciante Grijalbo, despojándolo de todas sus riquezas, a punto de dejarlo en la mísera ruina.

“Grijalbo levantando su copa de desdichado en una cantina dijo: señores reciban una copa de mi parte para que me acompañen a brindar por la bella Margaret; una sola vez, la pude ver todita desnuda y saborear las mieles de su piel. Por infortunios del destino le ha tocado huir, antes que fuera secuestrada. No ignoren mi tristeza vecinos míos, y enviemos un deseo a los cielos para que ángeles la protejan y un día pueda volver”
La historia narrada por el mismo Grijalbo, ante la denuncia en el juzgado principal: Desde que era niña esa mujer me enloquecía cada vez que la percibía; dije a sus padres que me divorciaría si me la entregaban en matrimonio. No, -dijo la mamá- ella va a estudiar pedagogía a la capital, para que un día se haga cargo del instituto. Triste y desilusionado, seguí con mi vida. Mis negocios y fortuna crecieron. Luego de 10 años la vi regresar al pueblo, ya era toda una mujer; he de confesar que era más bella que de niña. Fui a saludarla y le lleve regalos y presentes.
-Me dijo- Caballero, se los recibo por no ser descortés; pero, estoy comprometida en matrimonio; por favor, no se vaya a enamorar. Seguí cortejándola, la espiaba de noche y de día y ningún hombre la llamaba y menos la visitaba. Aceptaba mis invitaciones a cenar. Un día estaba triste, me comentó en su despacho de directora que sus padres estaban a punto de quedar en la ruina, debido a que sirvieron de fiadores a unos familiares y estos no pagaban al banco las obligaciones. Cásate conmigo, yo me hago cargo del préstamo y, a tus padres no les faltará de nada, -le dije una tarde- la triste Margaret guardó silencio largos minutos.
Yo no te amo Grijalbo, -dijo en bajo tono- además la diferencia de edad es un abismo... Con el tiempo llegarás a quererme, -argumenté- Dame una semana, -contestó,- lo pensaré. Estiró su frágil mano, la bese como siempre lo hacía; -me alejé- he de confesar que yo temblaba ante su cercanía.

Pasó más de una semana, un bendito jueves llego el mensajero del instituto, dijo: Señor, la rectora le quiere ver en su despacho, le urge.
Corrí aquella mañana, me presenté un tanto asustado, tomé su mano y la bese como era mi costumbre.
Mi querido señor, -susurró- mi padre está hospitalizado, debo viajar a la capital; a mi regreso nos casaremos, toda vez que te hayas divorciado; firma estos papeles donde te haces cargo de pagar la hipoteca del instituto y de la casa; un abogado pronto te visitará para que sigas instrucciones.

Señor secretario, a los días llegó un abogado de la capital, que ya estaba en contacto con otro de aquí. Mi gran fortuna, pasó a otras manos; en el papel de enamorado que le firme a mi bella Margaret, le cedía, le entregaba todo mis bienes que fueran libres y comerciales. Han pasado 4 meses, de ella no sé nada, la casa y el instituto lo compró alguien pudiente de un pueblo cercano. Lamento decir ante este juzgado: fui engañado, fui el botín de guerra financiera de mí bella Margaret y su familia. Viviré con mi hija mayor, a quién le había escriturado aparte una propiedad.

Y, así quedó escrito otro episodio en la vida de aquel pueblo:
...Aquella familia en cabeza de la astuta Margaret, vendió a nuevas personas sus bienes; devolvieron a sus acreedores hasta el último centavo; luego, desaparecieron de aquellas tierras para siempre...
Ah, el bueno de Grijalbo a los pocos años murió en un hospital psiquiátrico.

Notas de apoyo:
-1- Jean de la Bruyere: de origen francés, escritor moralista que destacó por su especial sátira; como queriendo decir que la obra de cada vida es sólo un instante.
En la presente historia, la vida de Grijalbo cambio de la opulencia a una decadencia en soledad.

-2- Antífanes de Rodas: vivió y ejerció en Atenas siglo IV; de profesión comediógrafo. La vida y sentido para sus escritos eran todo una divina comedía.
Sí, estamos de paso en esta bella aldea llamada tierra, si logramos corregir, y podemos ver todo suceso como una comedia, entonces entendimos la belleza de la vida.

-3- El botín: Es aquella codicia por el no respeto por los bienes ajenos; la codicia ha tenido sumergido a algunas personas y culturas en continuas guerras por la aparente seguridad que generan los bienes físicos. -ese botín-; puede tratarse de personas, dinero, oro, piedras preciosas y toda clase de objetos que tengan algún valor de intercambio.

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