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Encuéntrame una pareja

caminantePosted for Everyone to comment on, 3 months ago5 min read

En palabras del actor Sean Connery:

“Puede que el amor no siempre haga girar el mundo; pero debo admitir que hace que el viaje sea más interesante”

Estando de visita en un hogar geriátrico donde reside una hermana monja, se nos pidió una colaboración de encontrarle pareja a cada calcetín. Oh, eso era un mar -cientos- de calcetines des-iguales. Al comienzo lo vimos como una labor de poca importancia y para nada desgastante, física o mentalmente. Al buen rato surgió una pregunta: ¿Por qué es necesario, dos calcetines iguales? ¿Quién se va a fijar en esas minucias? Algunos ancianos -hombres y mujeres- (por igual) no se dejan vestir si los calcetines son dispares. -Comentó una monja- A pocos minutos, la mente empezó a protestar, se tardaba mucho en poder juntar dos iguales. Algunos -calcetines-compañeros se pierden en el lavado, otros los tiran a la basura, -decía la monja- ¡pero sigan haciendo parejas, por favor! Llegó la hora de la comida, y la tarea siempre queda pendiente para otra jornada. Pero mi mente siguió parloteando en las parejas iguales.

Recordé cierta ocasión, cuando observé a una joven de la familia deshojando margaritas. ¿Qué haces? -pregunté-
Estoy adivinando si encontraré a mi príncipe azul, que sea igual a mí, o al menos exacto a lo que imaginó de la pareja igual e ideal.
¿Cómo lo visualizas? -quise saber-
En la clase de psicología nos dijeron que la pareja debe de ser igual a nosotros, en por lo menos 10 aspectos. Por ejemplo, -prosiguió-
1-Que él no dependa de sus padres.
2-que no le guste el futbol
3-que se goce con las películas de terror
4-Que quiera tener más de 6 hijos.
Guardo silencio, ¿tú crees que un chico así, exista?
Sí, puede existir; pero para encontrarlo debes de estar muy equilibrada en cuando a las emociones que genera cualquier atracción sentimental.
Sí, creo entender un poco, de eso también trata mi carrera.
¿Qué te dicen las margaritas? -pregunte-
¡Sólo una deshoje, me dice que no hay otro igual a mí!
¡Oh, qué curioso! -dije- ¿Has oído hablar del otro par? -indagué, queriendo alargar la conversación-
Oh, precisamente debo ver y analizar un cortometraje de ese tema, dirigido por Sarah Rozik. -Contestó la chica-
Me agradará saber que concluyes, y me despedí.

Días después, aquella joven, envió un mensaje invitándome a un café para conversar sobre el vídeo.
Al encontrarnos, me dijo: te voy a relatar como entendí el mensaje, ¡escucha por favor!
…Es la historia de amor de dos almas en busca de luz…

Un niño malcriado, logró ganar la pataleta -la batalla- por la adquisición de unos zapatos deportivos exclusivos. Orgulloso se los puso en los hombros, cual boxeador exhibe sus guantes que lo llevarán al estrellato. Salió del almacén junto a sus padres para abordar el tren que ya se acercaba a la estación, sus pitazos alertaban a los interesados en viajar.
Aquel niño rico, se fijó en otro niño tirado en el andén, se detuvo y le preguntó ¿qué haces?

(Cosa extraña, comentó la mamá al padre, tú hijo no habla con desconocidos. Sabes, -dijo el padre- esos dos niños son muy parecidos, el nuestro debió sentir alguna extraña atracción.)
El niño callejero, además sucio, respondió: intentó por cuarta vez coser esta sandalia, pues de no lograrlo debo andar descalzo.
Pues, dile a tu padre que te compre nuevas, -dijo el niño rico-
No tengo padres, ni hogar, vivo en la calle. ¡oh, son hermosos los deportivos que llevas en los hombros!
De repente se escuchó un gritó que llamó la atención de todos…
Jhon, hijo -grito la mamá- corre, te deja el tren…rápido, corre…

Adiós, dijo el niño rico al niño callejero, y arrancó a la carrera en dirección al tren; el acomodador le gritaba, apúrale niño lento… en esos momentos uno de los deportivos se soltó del nudo y cayó a la acera… El niño callejero soltó lo que tenía en las manos y, a pie limpio corrió hasta que agarró el zapato, siguió corriendo sin cesar hacía el tren, para lanzar el zapato; por otro lado, el niño rico gritaba, corre date prisa, me quedó sin mi zapato; pero el tren fue más rápido que el corredor descalzo. El niño rico saltó de alegría soltando al vacio el otro zapato, diciendo: ¡quédatelos, me siento feliz por ti!... Aquel tren se perdió en el horizonte…
Cosa extraña, cuando el niño callejero se puso los zapatos le quedaron a la medida. Miró a los cielos en gratitud y una extraña luz lo invadió por varios minutos.

Al terminar el acalorado relato, la joven llena de lágrimas dijo: “Ya no quiero una pareja igual a mí; quiero un amor que haga de cada día un encuentro interesante”

Por siempre recordaré: “Hay encuentros que emiten una frecuencia embriagante, una energía desestabilizadora que golpea fuerte algún condicionamiento previo; no podemos resistirla, pues invade sin nuestro consentimiento. A veces no se trata de buscar otra parte igual, se trata de exponernos al instante mágico del amor incondicional”

*Ah, se me olvidaba: al terminar la visita al hogar geriátrico, se presentó curioso final:
Una anciana bastante conflictiva, (debido al alzhéimer) nos dijo: estos dos calcetines son muy parecidos, algunos visos son desiguales; pero me los pondré, por qué vi que se esforzaron por encontrar el otro igual.

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