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“En tu mesa”

caminantePosted for Everyone to comment on, 5 months ago11 min read

“La sabiduría ha edificado su casa, ha tallado sus siete columnas. Ha preparado la fiesta, ha mezclado el vino y también ha preparado la mesa” ₁

Vestí mi primera mesa, la ocasión especial es; aquel abuelo de playa me ayudo a entender la importancia de celebrar un encuentro; en lo posible cada semana -dijo y repitió- monté el mantel que la abuela me heredó y que ella misma hubo bordado, hermoso, con flores de hilos multicolores. En la tienda compré servilletas de las mejores, la botella de vino rojo, esa marca especial para mí, lirios amarillos y rosados, pues escuché decir que, en los cielos, ellos adornan las mesas, organicé otros detalles también importantes. Faltaba poco para ir al aeropuerto por Lalo, mi novio desde hace seis meses que fui a buscarlo; pero a partir de esta noche seremos compañeros de vida. Luego de escuchar el relato de las dos historias de aquel anciano, comprobé mi presentimiento, “ese hombre es buen compañero” Alisté la música, bailar hasta el fin del amor, -él dijo- que era uno de sus más preciados tesoros: bailar con la dama que me busco y apostó por mí. Este departamento de mi propiedad quedará alquilado; decidimos vivir cerca del mar donde él trabaja como jefe de producción. Finalmente escribí en una servilleta en memoria de mi abuelo de playa: “Esta ocasión, nos sirve de alianza, no iremos a iglesias ni a juzgados. Nosotros, la mesa con sus elementos y los Cielos serán testigos de nuestra unidad. En lo posible cada semana adornaremos una nueva mesa en nuestro hogar, para dar gracias a la naturaleza, a su Creador, al amor que nos va uniendo en cada bendito encuentro”
Observé y repetí los pasos que aprendí, todo en orden, tomé las llaves del auto y salí camino al aeropuerto, recordando cómo inicié a construir una nueva vida…
1

¡Saludos amigos de historias y caminos!

El caminante escuchó pasajes de la vida de una amiga muy querida -Guaní-, ella relató sin un aparente orden, el escuchó atentamente, con la promesa de escribir. Las líneas que siguen y el anterior “construí” fueron autorizadas; entonces escribiré en primera persona, iniciemos… Al final del relato anterior, -Construí- partí en busca de Marcel; me llevo semanas localizarlo; lo encontré en una universidad -es catedrático- el bendito.
Fuimos a cenar, una vez que hicimos la orden y brindamos por nuestro reencuentro, le roge: “perdóname otra vez por haberte hecho sufrir, un beso en los labios me confirmará que tu corazón sigue tierno y considerado” -Y así fue- lloramos, nos abrazamos, me perdono, necesitaba escucharlo para sanar, brindamos con vino rojo.
Marcel secó sus lágrimas y expresó: Guaní, en media hora viene Lauren -mi esposa- ella sabe que estamos reunidos, te quiere conocer. Acepte que nos reuniéramos porque siempre serás invitada a la mesa de mi vida. Fuiste mi primer beso, eres las primeras manos que tocaron mi rostro y serás quién me inspiro para crear contenido a la velocidad de la luz; al leer, al hablar. Desarrollé esa agilidad mental e intuitiva; hoy día enseño lo que bien aprendí, gracias a ti. Alegrarás aún más mis días, si a partir de hoy nos reunimos cada año, si puedes en navidades o semana de pascua, serás bienvenida a mi hogar, tú y tu esposo; rogaré a los cielos para que encuentres un hombre que te amé.

Entonces le conté bañada en lágrimas como termino mi “dichoso” primer matrimonio y como Lalo -el marinero- me ayudo, me salvó en aquel trágico zafarrancho.

Volaron las manecillas del reloj; llegó la bella Lauren, encantadora dama; dos hijos alegran ese hogar. Al despedirme lloré, prometiendo volver cada año a cumplir la voluntad de Marcel; será en la semana de pascua, acordamos los tres, la bella Lauren es de origen hebreo.

2

Amigos, las historias presentes llevan el aroma del bueno de Marcel y del viejo de mar que me re direccionó con sus relatos.

Regresé a casa paterna, olvidé brevemente lo de la mesa. Antes de organizar mi nueva vida, iré en busca de aquel astuto hombre de mar, rogaré para que este soltero y me acepte en su vida; sino es posible, tomaré otro rumbo.


3

Él estaba enfilado para ingresar a la compañía, había varias personas con el mismo propósito; las gaviotas muy cerca revoloteaban por encima de la embarcación que vendía la pesca del día, ellas saben que siempre algún trozo de pez es arrojado al agua; pero, si pueden tomar uno, en un descuido -mucho mejor-; se escuchaba el murmullo de las gentes, la oferta, la demanda, las quejas, las gratitudes en voz alta; la brisa traía salitre frío, un suéter era necesario en aquella mañana para conservar algo de calor corporal; él meditaba en todo aquello, ahora cambiaría ese ambiente de ocasión e incierto, por la aparente seguridad económica que ofrece una compañía. Finalmente le llegó el turno, ingreso…
…Ignoraba que a cierta distancia alguien le observaba, pasaba por el sector buscándolo y lo reconoció; decidió esperar hasta que saliera para abrazarle y besarle; “a ese personaje lo quiero en mi vida, como amigo o como compañero” -dije a mi corazón, y el cielo escuchó mi clamor-
4
Observé una carpa que llamaba la atención por la gritería de un voceador que promocionaba bebidas y comida típica de puerto; buscaré sombra, aprovecharé para hidratarme.
Luego de beber un gigantesco refresco con fruta de la pasión; acerqué una sobreviviente silla de algún zafarrancho a una casi sin vida mesa marina, pues se mecía como una hamaca. Saqué del mano libre mi libro, intenté leer, pero no logré concentrarme; levanté la mirada y divise a un viejo que parecía escribir algo en la caliente arena, - ¡oh, le invitaré un refresco de la pasión!, al acercarse observé que jugueteaba con un cangrejo, el animalillo no huía, entendía lo que el viejo decía.

Hola hombre de mar, -soy Guaní- gusto en conocerlo, ¿qué haces?
-Hola bella dama, expresó el anciano- estaba diciendo al cangrejo que seamos amigos, para que me enseñe los secretos de la arena y del mar.

Oh, interesante; ¿cómo es eso?... mientras me explicas como se entiende a la naturaleza, ¿puede acompañarme a la carpa y bebemos fruta de la pasión? -yo invito-

Me honras con su invitación señorita; pero ten cuidado con su libro, la brisa lo puede tirar y dañar. Oh, sí lo llevaré conmigo, vamos rápido y regresamos, -dije- y compartimos en esa sobreviviente mesa. *

Ya de regresó el abuelo dijo: ¡sabes, esta mesa y tú invitación me recuerdan los comienzos con mi compañera, mi esposa!

Oh, ¿y por qué? cuénteme por favor -estaba maravillada-

Claro que sí, -repico el anciano- cada uno de nosotros vinimos a aprender, a rectificar desaciertos pasados y, luego a compartir con personas como usted que buscan y quieren compartir un refresco de la pasión, ¡ja, ja, ja!, además te veo con deseos de escuchar.

Guaní, el siguiente relato pocas personas lo han escuchado. Cuando me invitaste a tu improvisada mesa, vi reflejado un fragmento de mi pasado, en el cuál me creí importante porque tuve empresa y algo de poder; entonces, por errores de negocios caí en adversidad. Seis años pasaron en el proceso, desapareció lo que no era real, me refiero a personas, amistades, lealtades y un negocio que no se dejó re-construir. En esos momentos de vaciedad, sin hogar, sin ingresos, apareció una dama que apostó por la persona -por mí- no por las circunstancias que me rodeaban; compartió su mesa, su hogar, su vida misma,

¡hasta bailo, sin saber hacerlo, porque era conmigo!

Apostó su vida, la unió a la malhecha mía, un tanto desquebrajada como su mesa y su silla; en mí aún había oscuridad, el momento era bajo. Pasaron los años -no buenos para ambos- pues ella buscaba un compañero de vida; yo estaba confundido. Sin embargo, aprendimos a compartir con esas diferencias; algunos días fueron de escasez, pero el Creador Supremo, nos envió alimento a tiempo.

Un día, luego de observar y estudiar, aprendí la artesanía de gratitud cada semana, presentando ante la mesa de altar lo mejor que encontraba, que recibía. ₃

¿Hay una mesa especial en vuestro hogar? -pregunté asombrada-

¡No! especial será la única que tengamos, en la simplicidad está la verdadera magia de la creación, observa la brisa… no la vemos, pero la sentimos -simple, pero poderosa-

Hasta hoy escuchó el tema de agradecer en una mesa de hogar; excepto cuando veía a los sacerdotes de la iglesia católica, cuando hacían el ritual del altar, con el vino y el pan.
-intervine-
Oh, eso hace parte del Principio Creador, pero esta incompleto. En algunos textos sagrados esta ordenado que -recordemos todos en nuestros hogares- que es la Creación Divina quién nos sustenta. ₂
-expuso el abuelo-
-Oh, revelador, contesté-

Este tema de la mesa no es nuevo, otro ejemplo nos lo ofrece un relato de guerra de Napoleón Bonaparte en Francia. Cuenta la historia que el general reunió a las tropas de tierra y de a caballo para hacer cambios de estrategia; dando la instrucción cayó muy cerca una bomba, el caballo del general se puso nervioso y se desbocó, un soldado raso, sin tener caballo de dotación, trepo habilidosamente a uno, y logró alcanzar al del general; tomó un lazo de vaquero y enlazo el cuello del animal desbocado y logró controlarlo, salvando la vida del caballo y de Napoleón Bonaparte. Al final de aquella jornada, Napoleón mando llamar al soldado y delante de todo el pelotón dijo: ¡Gracias mi capitán! A partir de hoy estarás en mi guardia personal y tendrás un lugar en mi mesa.

¡Me honras mi emperador, cambiando mi rango militar! - contestó el aguerrido soldado.

…Buen hombre no negociaste, ni vacilaste para salvar mi vida, usted fue quién me honro a mí.
Se cuenta que es en una mesa donde se invita a los mejores a compartir, luego del festín de gratitud por la lucha librada, se reparte el botín de guerra -si lo hubiese-

Aquel sencillo pero valiente soldado, con ese acto de lealtad y servicio, paso a ser Capitán oficial destacado, ganándose un puesto de honor en la mesa y en las buenas memorias de aquel general.

Todo ser educado en sabiduría, debe mostrar gratitud a su Creador y, a las fuerzas vivas de la Creación, e invitar a quienes muestran afinidad a esta nobleza, -concluyó el anciano-

Entonces brindemos, querido hombre de mar; seré su estudiante, aprenderé con juicio sobre vestir la mesa de mi vida. - dije emocionada-

No seré tu maestro, en tú corazón está quién te guiará. Pasame esa servilleta que no se humedeció. Entonces escribió 3 pasajes, búscalos en el “Tanakh” -dijo- estos tres versos le abrirán las puertas a la luz, a la sabiduría sin fin.

Tomé suavemente la mano del abuelo de playa y la servilleta; incliné mi cabeza en señal de respeto, como suelen hacer los orientales;

Sea el Supremo Creador tu guía, -dijo el abuelo- con sus manos abiertas, tocó levemente mi cabeza.

De repente giré la cabeza hacía el kiosco y vi al marinero, solté bruscamente la mano del abuelo, grité a todo pulmón, él marinero volvió para ver quién le gritaba, levanté mis brazos batiéndolos al viento…

Ve hacía él -dijo el anciano- regresa para que aprendas a hablar con los cangrejos.

Luego de la explosiva reacción como buena expositora de una personalidad sanguínea, traje de la mano, casi arrastrado a mi amigo para presentarle al contador de historias. Pero el abuelo no estaba, tampoco el cangrejo, ni la mesa, menos la silla…

**Notas:
-1- Eclesiastés 9: 1,2
-El hombre y la mujer que han adquirido sabiduría, luego de estudiar; visten la mesa de gratitud y unificación cada semana.
-2- Tehilim -104; 14,15
-3- Vaikrá - 23, 1-4.
-En seis días se hizo la Creación, en el séptimo se reposo.
*Por extrañas razones en los puertos a orillas del mar y de los ríos, aparecen utensilios sobrevivientes de algún desastre sin aparente dueño, ellos adornan el paisaje e instan a la mente entrenada a crear - imaginar posibles historias.

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