Whaleshares Logo

Construí,

caminantePosted for Everyone to comment on, 6 months ago13 min read

“No le niegues un bien a quien lo necesite, cuando tengas el poder de hacerlo”

-proverbio 3:27-

¡Hola soy Guaní!
El siguiente relato es una parte de mi vida.

Todo termino con un viaje de paseo al tomar un ferry, la camioneta de mi esposo era último modelo, iba a bordo del gran barco; además también viajaban cargas variadas que transportaban los comerciantes de los alrededores. Aquel río es el último que desemboca al mar, en ciertas horas se pone caudaloso, entonces los motores deben reducir la velocidad. Sin embargo, aquella tarde paso algo inusual; el pronóstico decía: una velocidad de viento tolerable. El pasar de una orilla a otra no tardaba más de 20 minutos. A mitad de camino las aguas tronaron cuál leviatán que se levanta enojado. El gran barco se estremeció, algunos pasajeros inquietos cayeron y se golpearon; algunos amarres flojos de las cargas se soltaron. Los motores se apagaron y la embarcación quedo a merced de las aguas, río abajo.

Mi pecho se estremeció cuando mi esposo Paul soltó mi mano y en un ataque de nervios, fue donde estaba un marinero y le preguntó:
¿Hay botes salvavidas para nosotros las personas importantes?

Estamos haciendo lo posible para bajarlos con las grúas; pero tienen prioridad mujeres mayores, niños, hombres ancianos y mujeres. Nosotros los varones tendremos que tirarnos al agua y a suertes llegar a una orilla.
¡No sé nadar en estas aguas, grito desesperado el acaudalado millonario!
Al escuchar a mi frágil esposo, tuve un sacudón en la cabeza que me cambio 180º mi percepción de la realidad; le pregunté a mi cuerpo interno:
¿Qué cosa tengo como esposo, esa fue la seguridad que me construyeron mis padres con este débil hombre?
Observe el nervioso ir y venir para acomodar en los botes salvavidas. ¡0h, debo salvar a alguien y salvarme yo! igual que hizo mi amigo Marcel en aquella cama de hospital, cuando éramos niños, -recordé-

De repente el gran ferry recibe el golpe de una inmedible piedra, trato de voltearse; ya estaban a salvo en 4 botes salvavidas unas 40 personas. Me hice al lado del marinero que ayudaba a embarcar a las personas más débiles y colaboraba. Paul al ver que no había espacio para él en los botes salvavidas, en un ataque de pánico se lanzó a las aguas.
El marinero al ver mi cara de tristeza por el que fuera mi esposo, preguntó: ¿sabe nadar? -no, contesté asustada-
Entonces te amarraré una soga a mi cintura; estaremos unidos cuando seamos expulsados de cubierta, eso va ocurrir en pocos segundos. Si no nos mata el golpe, saca la cabeza respira y mueve las piernas como si fueras una rana; yo sé nadar, y tiraré de ti con todas mis fuerzas hasta una orilla. Cuando terminamos de anudarnos, un fuerte vacío en el estómago nos avisó que el gran barco iba por los aires. En pocos minutos, aquel ferry caía a un precipicio, fue inevitable; la embarcación estalló en llamas al ser recibida por una muralla de piedras…
No sé cuantos minutos pasaron, -recuerdo- yo estaba en un plácido descanso mental, de aquellos de madrugada cuando sabes que no tienes que madrugar. De repente sentí que de mi cintura tiraron fuerte; era Lalo el marinero, que sobrevivió al golpe y cumplía su promesa de ayudarme, recordé que debía tomar aire de alguna manera y mover las piernas, rápido aprendí a mantenerme a flote y le facilité el arrastre de ambos cuerpos a una orilla, el hombre de mar tiraba hábilmente de su cintura para ganarle a la fuerza de la corriente de las aguas. No sabemos cuánto tiempo paso, cuando logré volver a la calma mental, observé que una palma se había quebrado quizás por fuertes vientos, estiré como mejor pude mi mano derecha y logré sujetar una de sus ramas, Lalo observó mi movimiento y paró de tirar, me gritó… no te sueltes, no te sueltes, aguanta mientras llegó. Soltó la soga que nos unía y nado rápido hacía mí; al estar juntos nos abrazamos cuáles amantes arrepentidos luego de una batalla emocional.
Ven -dijo- abracemos el tronco de la palma y caminemos hasta que lleguemos a tierra firme. Busquemos coco e hidratémonos. El cielo -dijo Lalo- ¡nos envió un montón de cocos, Halleluyah!

El marinero es conocedor de principios de la naturaleza Creadora, -Pensé-
Esperemos un poco en estás rocas sentados, a que calme la lluvia y recuperemos fuerzas. Luego recorreremos la orilla río abajo a ver si alguien necesita ayuda.
Gracias amigo, -lo abrace- me recuerdas a Marcel, mi amigo de infancia.
Qué paso con él, pregunto Lalo.
Es una historia larga, ¿quieres escucharla?
¡Cuéntala mientras se calman las aguas!

Recién cumplía mis 15 años, en unas vacaciones la camioneta familiar fue estrellada violentamente por un camión, mi padre conducía. Cuando desperté estaba en una cama de hospital, habían pasado varios días. No me gustaba colocarme el cinturón de seguridad y mi cuerpo salió disparado por una ventana. El air bag y los cinturones de las sillas delanteras evito consecuencias fatales para mis padres, si fueron ingresados, pero con golpes menores.
Entonces no me podía mover, estaba amarrada a una cama -me explicaron- tienes que estar así por varias semanas, mientras la columna y sus vertebras sanan y vuelven a funcionar bien. A los 2 días la doctora me dijo que si la autorizaba para que Marcel un niño de 16 años pudiera estar en la misma habitación. El seguro paga para que estés sola -dijo la doctora- pero, me gustaría que tuvieras una compañía, Marcel tuvo un coma diabético, ya salió de peligro, pero debe estar varias semanas para hacer exámenes y pruebas que le ayuden a vivir mejor.
No sé -dije- no me gustan los niños; los de la escuela, todos han intentado tocarme y besarme. ¡Los odio! Marcel es diferente, pero hagamos un trato -expresó- la doctora: dejaré una cámara, y si vemos que él se acerca a ti, llamamos a la policía y a un calabozo va a parar. Eso me gustó, pensé que sería una buena venganza que eso le hicieran a algún niño atrevido. Luego, de un largo silencio, tomé la mano de la doctora y le pedí: prométeme que no me abandonaran a mi suerte con ese niño. ¡Trato hecho! - dijo la doctora- Y apretó cálidamente mi mano.
Al otro día me sacaron a un breve paseo para que tomar 10 minutos de sol, amarrada a la cama, me alimentaban con suero y con bebidas liquidas; tenía sondas para atrapar mis fluidos corporales. Cuando regresé ya estaba al lado de la ventana una cama para un joven pecoso y de cabellos dorados. Tenía un libro de historias en la mano, lo cerró, se acercó levemente y dijo: ¡hola Guaní, me place conocerla; ¡no la molestaré, ni haré ruidos!
Que sea una santa promesa -expresé- Así será, -dijo el pecoso-
Pasaron dos días, él dormía a diferentes horas que las mías; también se alimentaba normal, me refiero con sus manos, llevaba el alimento a la boca; pero con dieta diferente a las de las casas. En aquel techo arriba de mi cama, había unas rayas extrañas, pensaba que el pintor quería revelar un mensaje. Le dije a mis padres cuando me visitaban, a la doctora, a las enfermeras, y nadie las veía. Sin embargo, Marcel si las vio. Al cuarto día dijo: -disculpe señorita- yo si percibo las líneas, ellas le revelarán algo sólo a usted; no se impaciente, obsérvelas sin asociarlas a lo que ya conoce.
Me confundes -dije- Ten paciencia, hazte amigas de ellas, un día recibirás un mensaje.
Jovencito, está quebrantando los tratos -le hablo fuerte una enfermera- retírese y que no vuelva a ocurrir. Entonces lo defendí, -señorita, no me ha molestado- es más, mañana hablaré con la doctora y con mis padres, para que me autoricen hablar con él una hora, que es cuando ambos estamos despiertos, entonces él me leerá una de sus historias del libro.
El bueno de Marcel respondió: ¡Será un honor leer para usted cada día! Con el tiempo descubrimos que fue organizado por todos, para que nos acompañáramos, y que bien que resulto. Qué resulto bien, -pregunto Lalo- Las historias que Marcel me leía, fue a través de ellas que nos conocimos, construyendo nuestro idilio. ¿qué entendiste, qué opinas? -preguntó la primera vez- Ese día me enoje y le grite: ¡nada, vete de aquí! Horas después comprendí que lo había herido; sentí que él estaba sufriendo por mi maltrato. Al siguiente día cuando desperté, observé las líneas en el techo y pude percibir: “Cuando sea necesario: Pide disculpas, y luego un abrazo, y también un beso sanador” -De niña fui muy manipuladora, quería todo lo que se me antojara y, a mi manera-
Marcel el niño lector no estaba en la habitación, él si podía sentarse en un sillón y también observar por una ventana. Tardó mucho en llegar, cuando lo trajeron en una camilla, estaba dormido debí esperar otro largo y aburridor tiempo. Yo no sabía en qué horas vivía, a veces me sedaban para que estuviera tranquila.
Mucho tiempo paso hasta cuando estuvimos solos. No quería pasar por la vergüenza de pedir disculpas delante de nadie, solo él sabrá de mi arrepentimiento por mi mal proceder. Vi letras en las líneas del techo -le dije en voz alta- Qué te dicen: -preguntó- Tienes que venir a mi lado no quiero que las paredes escuchen. Será en otro momento -dijo- no puedo levantarme sólo, debo esperar ayuda de una enfermera, estoy mareado por la medicina, calló, durmió. Llegó el tiempo de estar a solas, el pecoso se acercó a mi cama; ¡buen día, querida amiga de habitación! déjame ver las líneas en el techo -pidió- oh, no veo letras, sólo a usted se le revelan. Marcel, por favor -dije- discúlpame por gritarle el otro día, la señal que no estas molesto conmigo es que me beses en los labios, rápido, sin testigos. Él no pudo detener el llanto, pero acercó sus temblorosos labios a los míos, sus lágrimas cayeron en mi rostro, cogí su cabeza con una de mis manos y duramos unidos no sé cuánto tiempo, ambos lloramos y nos besamos con besos de sentimiento sincero. Debo reposar, esta emoción ha sido demasiado para mí, dijo Marcel. Fue a su cama y al buen tiempo la enfermera reviso sus signos vitales y se lo llevo en otra camilla. Pronto lo regresaron, pude dormir cuando me dijo: ¡cariño estoy bien, por favor duerme! Él sabía que estaba ansiosa por saber de él.

A la mañana siguiente, de manera sorpresiva llegaron mis padres y la doctora.
Jovencitos, dijeron al unísono: porque rompieron las reglas, la cámara nos contó lo que pasó ayer.
Fue de mutuo acuerdo -dije-: fui brusca con él; entonces me tragué mi orgullo, le pedí que me perdonará, la señal de perdón era un beso; pero nos invadió un sentir extraño.
Todo está bien -dijo Marcel- cogiéndome de la mano, en adelante con vuestro permiso leeré para ella la mejor historia, a cambio ella la resumirá y dará su opinión, ¿verdad que sí?
-eso es verdad, es un acuerdo, dijo-

Se miraron los tres, sonrieron. La doctora dijo: la cámara no se quitará, seguirá grabando.
Guaní hizo una pausa, abrazo a Lalo, disculpa mi salvador, -paro o sigo, expresó-
Sigue, me gusta tu relato -expresó el marinero-

Marcel me insistió para que aprendiera a pensar y, a discernir lo escuchado, y que bien que lo logró. Mi columna sana antes de lo esperado por los doctores. El pecoso me mantenía en un éxtasis divino; hasta que no me beses no te escucharé; y así lo hacía; para despedirse con nuestro beso, me forzaba a decirle que comprendí de lo escuchado.
Pasaron unas dos o tres semanas -quizás- Marcel se fue para su casa bañado en lágrimas, no queríamos que nos separaran. A decir verdad, con él sentía una quietud interior que no quería salir de ella. ¡Eso “construí”, eso construimos con aquel pecoso!
Al otro día aquel libro resultó en la oficina administrativa, caído un rincón. La doctora si sabía de quién era, lo llevo a mi habitación. En esa semana ingrese a unas terapias, para reentrenar la movilidad; hubo una posición que me gusto de frente y pedí que me dejaran ver y leer el libro de Marcel, mi extrañado amor; cuál mi sorpresa que las historias eran cortitas, el resto de la trama él se lo imaginaba en la marcha; muy astuto, yo no me di cuenta de su engaño. Regreso a los 4 días, luego de su alta en la clínica.
Pedí que nos dejaran unos minutos a solas, -le dije- me has estado engañando niño pecoso, tu libro de historietas mudas llegó a mis manos, estuvo perdido. -Tú eres mi inspiración, no dijo más- y sellamos con un beso nuestro secreto. Me llamaba todos los días y venía día de por medio a visitarme; cada separación le hacía daño a mi cuerpo, duraba horas en reponer mis emociones, para volver a desear el reencuentro.
Un día me levanté de la cama, hicimos decenas de terapias. Marcel me visitaba seguido y una tarde, me asombré yo misma cuando le dije que me iba a estudiar al exterior. Mis padres pensaron en hacerme bien separándome de él. Marcel y su familia pertenecían a otra clase social. -hija, me dijeron varias veces mis padres: él no te podrá mantener-

Me trague ese sapo entero. Partí, al tiempo, sin fechas de regreso. Dejé de escribirle cada semana, luego cada mes. Al año me escribió diciéndome: logré parar de llorar por ti, no necesito tus forzadas cartas; por favor no me escribas más.

Sentí un vacío existencial al escuchar aquello; lo que “construí”, lo que construimos fue verdadero amor, yo lo derrumbé irresponsablemente. Tenía un novio en el otro colegio, le terminé, no volví a fijarme en nadie más. Pasaron 3 años, termine la secundaria. Regresé a mi país. Entonces mis padres y los padres de Paul acordaron pasar unas vacaciones para que nos conociéramos y nos comprometiéramos, y así fue. Termine lo básico de una universidad y me casaron con el hombre que en tu presencia me abandono lleno de pánico, tirándose cobardemente al agua. Eso fue lo que "construí" -O- me construyeron mis padres.
En adelante, yo construiré mi vida, gracias a las enseñanzas sagradas y a las lecturas de Marcel, mi joven amor. ¡Gracias Lalo, en mi corazón, serás por siempre mi héroe!

Iré en busca Marcel, debo recordar las letras en el techo de nuevo para él. Pediré a los cielos que aún este entre nosotros. Si está casado, lo sufriré…
De repente se escucharon ruidos y lamentos; ayúdennos gritaban, corrimos para ver comopodiamos ayudar.

*Nota:
Las presentes líneas son responsabilidad de Fernando Tellez. Agradezco su presencia de haber llegado hasta el final. Para una sugerencia o comentario, favor escribir al correo: [email protected]

Sign Up to join this conversation, or to start a topic of your own.
Your opinion is celebrated and welcomed, not banned or censored!